De las adicciones al autismo: el avance de la psilocibina como herramienta terapéutica
El licenciado en Ciencias Biológicas Luis Acosta dialogó en El Murishow sobre un reciente estudio de la Universidad de Alabama que demostró que una sola dosis de psilocibina, el compuesto psicoactivo presente en los llamados hongos alucinógenos, podría ser un tratamiento efectivo para la adicción a la cocaína. “La psilocibina es una herramienta más que aparece con resultados prometedores dentro del campo de salud mental y en ese contexto el consumo problemático de sustancias como cocaína, pasta base y nicotina”, destacó el académico.
“La psilocibina es una molécula muy parecida a la serotonina, un neurotransmisor que producimos. Cuando la consumimos en cantidades altas en un contexto de macrodosis produce una alteración en la estructura jerárquica del cerebro. El cerebro está ordenado de modo tal que hay zonas específicas que construyen la realidad, la interpretan y predicen todo el tiempo qué va a pasar. En un contexto de macrodosis, eso se desordena”, explicó Acosta.
En esta línea, continuó: “La corteza prefrontal pierde el control de la situación y eso hace que aparezcan estructuras subcorticales, estructuras que traen memorias, recuerdos y permiten una revisión profunda de tu vida; aparece un entendimiento, una comprensión, siempre aparece el amor, el perdón y la necesidad de perdonar”. El licenciado agregó que en paralelo también ocurre la liberación de factores neurotróficos, la reducción de la neuroinflamación y la formación de circuitos neuronales nuevos que dan cierto grado de plasticidad neuronal y flexibilidad cognitiva. “Se ha visto que los psicodélicos pueden romper memorias asociadas a los circuitos de recompensa”, destacó.
La psilocibina opera en distintos planos, como el emocional, y rescata neuronas atrofiadas principalmente en las áreas más importantes del cerebro vinculadas con la toma de decisiones y la motivación.
Adicciones
Acosta indicó que distintos estudios recientes muestran resultados alentadores en tratamientos contra adicciones severas. Señaló que personas con consumo problemático de crack en Estados Unidos lograron sostener niveles de abstinencia de entre el 95% y el 100% tras recibir una macrodosis acompañada de psicoterapia y seguimiento profesional. “Hay personas que nunca volvieron a consumir”, afirmó.
Lo mismo ocurre con casos de adicción al cigarrillo, donde una macrodosis de psilocibina demostró ser más efectiva que los parches de nicotina. “Es un cambio de paradigma en función de atender padecimientos principalmente asociados a la salud mental, como las enfermedades neurodegenerativas, las adicciones y el autismo”, resaltó.
TEA
“La discusión con el cannabis terapéutico empezó con madres y padres de niños con epilepsia y autismo. Un chico con TEA o epilepsia no cree que algo funciona: funciona o no funciona. Si tenés un chico con convulsiones y le das cannabis y de pronto deja de tener convulsiones, no hay efecto placebo; no es un efecto subjetivo de ‘creer’ que mejoró. Rompe con la lógica del efecto placebo”.
Actualmente, padres y madres empiezan a utilizar microdosis que compensan una posible deficiencia en la producción de serotonina, una molécula que imita la psilocibina. “En la mayoría de los casos se ve un impacto positivo y una mejora cognitiva: los chicos están más presentes, empiezan a conectar mucho más porque se rescatan circuitos que no funcionan de manera correcta”, resaltó Acosta.
A modo de ejemplo, citó casos de niños con TEA que tuvieron mejoras rápidas: empiezan a jugar, van al baño solos y logran incorporar hábitos cotidianos que antes no podían desarrollar pese a tener los conocimientos necesarios.
Remarcó que existen numerosos estudios al respecto y que uno de los primeros usos de las microdosis se dio en Silicon Valley para mejorar el foco y la concentración. “Para un médico o psicólogo esto sería incorporar una herramienta más. No es mucha historia. La macrodosis es otra historia, pero la microdosis es una herramienta más de trabajo en lo que es el catalizador de procesos”, agregó el científico, quien mencionó que puede implementarse en casos de Parkinson, depresión, ansiedad o crisis existenciales.
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Ancestros y espíritu
“Es una construcción terapéutica que debemos hacer entre todos. Me preguntaban en un congreso por qué los hongos avanzan tan rápido y la respuesta es que avanzan porque funcionan”, expresó el licenciado en Ciencias Biológicas.
Acosta explicó la diferencia entre micro y macrodosis y sobre esta última alertó: “si no recibís la psicoeducación adecuada, te puede producir ansiedad, miedo o pánico; el efecto dura de cuatro a seis horas y te puede agarrar un brote”, ya que “la estructura del cerebro colapsa y la realidad como se presenta habitualmente ya no es la misma”.
Y agregó: “De pronto, después de una experiencia de macrodosis, la persona quiere renunciar a su trabajo o separarse; quizás lo tenga que hacer, pero hay que construir un plan B. Viene todo esto emocional y te lleva a un lugar de incomodidad que tenés que poder transitar. Tenés que prepararte para transitar esa incomodidad y resolverla”.
De hecho, comentó Acosta, “muchas personas después de una experiencia de macrodosis se vuelven creyentes; no es que vayan a ser católicos, evangelistas o judíos, sino que comienzan a darle una importancia al espíritu”.
“Hay un acceso a través de estas terapéuticas a sitios recónditos de la conciencia. Tenemos circuitos neuronales que codifican memorias o eventos de nuestros antepasados. Puede pasar en una macrodosis que de repente recordás cosas que no son tuyas y que corresponden a tu linaje, incluso ves recuerdos. Y cuando charlás, resulta que le pasó a la abuela, por ejemplo”, sostuvo.
Según explicó, desde su mirada esto puede relacionarse con la epigenética, aunque reconoció que “existe cierto grado de misterio dentro de lo espiritual y la idea de poder conectar con tu espíritu y esencia y sanar desde ahí, verte a vos desde otro plano”.
La tensión entre la biomedicina y lo ancestral
“Lo urgente es resolver el problema de los consumos hoy. No en veinte años, cuando estén los trabajos y protocolos diseñados que muestran que la psilocibina pura o sintética funciona”, dijo Acosta y remarcó que “estamos asistiendo a un cambio de paradigma y necesitamos una clase política a la altura”.
“Hay que construir comunidad. Hay que organizar la comunidad. Hay que involucrarnos”, resaltó el científico, quien además señaló como ejes importantes la divulgación y el rol del Estado y las políticas públicas para que la psilocibina “llegue a quien tiene que llegar”.
“Vamos a ver tensiones entre la biomedicina y las prácticas de carácter ancestral. La biomedicina va a hacer lo que ya sabe hacer: cooptar esa información, subordinarla y ponerla en su lógica; purificar la psilocibina, ponerla en una cápsula, venderla carísima y determinar que solo puedan usarla psiquiatras, neurólogos y personas dentro del espectro de la salud capacitadas en la lógica del modelo biomédico. Esto no viene de la biomedicina. Tiene que coexistir lo ancestral y lo biomédico. Tenemos que tener las dos opciones”, sostuvo Acosta.
En esta línea, destacó el modelo de Ecuador, país que modificó su Constitución e introdujo artículos que reconocen la medicina ancestral y andina. “Podés optar por un médico andino”, resaltó el investigador, quien cerró con la pregunta: “¿Cómo prohibir la naturaleza?”.
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