Mientras los pibes se suicidan y los originarios pierden sus tierras, Salta declara a los animales “seres sintientes”
Mientras Salta atraviesa una fuerte caída de la matrícula escolar, niveles elevados de informalidad laboral, endeudamiento creciente de las familias y una preocupante situación en materia de suicidios, la Legislatura provincial encontró un amplio consenso para reconocer a los animales como “seres sintientes”. La norma reunió 13 iniciativas legislativas y fue respaldada tanto por el oficialismo como por la oposición, una muestra del esfuerzo político destinado a un tema que logró instalarse con fuerza en la agenda pública.
La denominada ley establece obligaciones de cuidado, alimentación, hidratación y atención veterinaria, incorpora sanciones por abandono y maltrato y fija responsabilidades frente al atropello de animales. El caso de Lola, la perra atropellada cuya muerte generó una fuerte conmoción en redes sociales, terminó convirtiéndose en símbolo de una legislación que encontró rápidamente eco político y tratamiento parlamentario. El contraste aparece cuando otras formas de sufrimiento no consiguen la misma velocidad de respuesta. Comunidades originarias como los diaguitas de Las Pailas o los lules de San Lorenzo vienen denunciando conflictos territoriales, desalojos y pérdida de tierras, en escenarios donde la respuesta estatal ha sido mucho más lenta, conflictiva o directamente adversa, llegando al caso de la represión.
El problema no es que los animales sean protegidos ni que se reconozca jurídicamente su capacidad de sentir. La pregunta es qué consigue conmover a la política. Trece proyectos, oficialismo y oposición alineados y una respuesta legislativa concreta demuestran que, cuando existe voluntad, el Estado puede actuar con rapidez. Pero esa capacidad parece activarse con mayor facilidad frente a casos que se viralizan, generan identificación inmediata y producen una conmoción fácilmente traducible en redes sociales.
La paradoja queda entonces expuesta en el propio lenguaje de la ley. Mientras la política salteña avanza en reconocer que los animales sienten dolor, miedo y sufrimiento, hay comunidades humanas que continúan reclamando por sus territorios y derechos básicos sin obtener respuestas equivalentes. ¿Acaso los diaguitas de Las Pailas o los lules de San Lorenzo no son también “seres sintientes”?
Los principales puntos
- Registro de maltratadores: un fiscal contravencional o un juez podrá disponer que una persona responsable de maltrato sea incorporada a un registro de maltratadores de animales.
- Reforma del Código Contravencional: modifica la Ley 7.135 e incorpora el artículo 91 ter, destinado específicamente a sancionar conductas contra los animales.
- Hasta 60 días de arresto: determinadas conductas podrán ser castigadas con arresto de hasta 60 días, multa de hasta 60 días o trabajo comunitario.
- Abandono: considera infracción abandonar deliberadamente a un animal o dejarlo en una situación de desamparo o riesgo.
- Casos especialmente vulnerables: contempla expresamente la desatención de animales enfermos, lesionados, recién nacidos, gerontes o con discapacidad.
- Obligaciones de cuidado: quien tenga un animal deberá garantizarle alimentación, agua, refugio, higiene, espacio adecuado y atención veterinaria, además de evitar condiciones que le provoquen sufrimiento.
- Atropellos: quien embista a un animal deberá detenerse, asistirlo y dar aviso a la autoridad o a un servicio veterinario. Auxiliar al animal no implica admitir responsabilidad por el accidente; la contravención aparece cuando se lo deja herido y se continúa la marcha.
